
La semana pasada se presentó el libro Castro Urdiales. Una Mirada Azul, del fotógrafo castreño Fernando Sanchoyarto. Un excelente trabajo fotográfico sobre nuestra Ciudad y Municipio. Articulado en cinco apartados, más un índice fotográfico al final que sitúa y explica las fotos, a lo largo de casi doscientas páginas podemos encontrar un total de 152 fotografías de gran tamaño. Los cinco apartados en los que Sanchoyarto ha dividido su trabajo son de variada temática: Una mirada a sus calles; una mirada a su gente; una mirada a su naturaleza; una mirada a su costa; y una mirada a su puerto; de los cuales sería muy difícil destacar alguna fotografía sobre las demás. Entiendo que los fotógrafos profesionales pueden analizar este trabajo desde una óptica más técnica y destacar así cual foto tiene un plus sobre otra, pero quienes no somos fotógrafos profesionales y/o expertos nos acercamos a este libro con la sensibilidad del castreño que observa hermosas instantáneas de su tierra o simplemente desde la posición de la persona que admira las bellas postales que ha captado Fernando.
Del prólogo en el que el propio Fernando Sanchoyarto nos explica la motivación de su obra, me gustaría destacar este párrafo:
“... Hace bastantes años empecé a plantearme que a través de los muchos momentos en los que recorría la costa y la montaña de nuestro municipio me encontraba con paisajes que jamás había visto plasmados en una fotografía. Descubrí que la luz más atractiva de cada día, aquella que podía realzar su belleza aún más si cabe, no había sido perseguida por ningún fotógrafo. De la misma manera también fui consciente de la rapidez con la que muchos de esos parajes estaban cambiando y en muchos casos desapareciendo”.
Sin haber intercambiado nunca opinión alguna sobre este particular con Fernando, hace años y desde estas mismas líneas alerté sobre la rápida desaparición del Castro que habíamos conocido. Recuerdo que entonces llamé a plasmar en fotografía y/o en video las zonas de Castro llamadas a desaparecer, tales como edificios derribados, casas de campo y caseríos, campos y huertas, la zona de costa, ¡y tantos otros rincones de nuestra historia que se han perdido!. Y recuerdo, además, que en aquel artículo señalaba a las autoridades competentes sobre la necesidad de la creación en Castro de un centro de documentación de la imagen de nuestro municipio, en donde los castreños pudieran aportar sus fotografías antiguas, negativos u otros soportes fotográficos para su archivo y conservación. Desde entonces una importante labor de documentación, recopilación y divulgación se ha realizado por parte, por ejemplo, de la asociación Cantu Santa Ana; y este libro de Fernando Sanchoyarto también va encaminado en esa línea.
Otro párrafo que me gustaría destacar, del prólogo del libro, es cuando Sanchoyarto nos dice:
“Mi infancia transcurrió entre Campijo y Ostende. Estos dos enclaves y sus alrededores sufrieron en mi adolescencia algunos de los cambios más traumáticos del municipio. La llegada de la autovía en el primer caso y la “reconversión” en playa de sus pedregales con su consiguiente urbanización en el segundo, modificaron una parte sustancial de la naturaleza más próxima al casco urbano a la vez que supusieron una perdida en lo personal”.
También yo firmó este último párrafo: supuso una gran pérdida en lo personal, porque Fernando está hablando en él de Urdiales. El territorio comprendido entre Campijo y la Ensenada de Urdiales (lo que luego vino en llamarse playa de Ostende) sufrió una rápida y brutal transformación, como luego también sucedió en otras zonas del municipio. Eso lo hemos vivido / padecido amigo Fernando, por algo somos de la misma edad y hemos ido ambos al colegio antiguo de San Martín de Campijo, y por algo pudimos disfrutar de aquella Ensenada de Urdiales. Pero, en mi opinión, esto no ha hecho más que empezar. Quizás ahora ralentizado por la crisis económica, pero Castro está llamado a seguir creciendo urbanística y demográficamente, por lo que te animamos a seguir dejando constancia fotográfica de tantos lugares y momentos castreños que tristemente desaparecerán.
Javier Muñoz Arriola
Comentario publicado en Castro Digital
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