Con este mirador que nos ofreces y con el que nos alegras, no haces otra cosa (que no es poco) que corroborar lo que dejó dicho el siempre admirado Henri Cartier-Bresson:“Fotografiar es poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo punto de mira”.
No hay cámara fotográfica, ni la habrá nunca, que permita configurar el disparo en modo “prioridad al talento”. ¿Nos puedes decir cómo haces?
Si a Cartier-Bresson se le conoce como El Ojo del siglo, yo te nombro El Ojo de Castro, El Ojo de Urdiales.
Gracias Fernando por mostrarnos, de esta forma tan bella, el paisaje y el paisanaje que aún nos queda.
No hay cámara fotográfica, ni la habrá nunca, que permita configurar el disparo en modo “prioridad al talento”. ¿Nos puedes decir cómo haces?
Si a Cartier-Bresson se le conoce como El Ojo del siglo, yo te nombro El Ojo de Castro, El Ojo de Urdiales.
Gracias Fernando por mostrarnos, de esta forma tan bella, el paisaje y el paisanaje que aún nos queda.
Alejandro Epelde

1 comentarios:
El mundo es una gran bola cambiante y lo hace constantemente, para bien y para mal, por medio del ser humano.
No hubiese hecho falta este trabajo para consagrar a Fernando como “el fotógrafo de Castro”; por todos sus vecinos es conocido su trabajo y el amor a su pueblo. Sus imágenes hablan por él.
Yo entiendo este trabajo como una gran intención: la de plasmar la situación de Castro en un momento histórico concreto que no es otro que el actual, el que ahora vivimos… Un intento de “parar” mediante la fotografía todo lo cambiante, para, como bien dice Alejandro, “mostrarnos el paisaje y el paisanaje que aún nos queda”.
Es este un regalo para deleitarse ahora,
es este un legado para comparar el mañana,
un testigo de lo actual, lo presente,
un modo de poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo dardo:
¡Nuestro queridísimo Castro!
Miguel
Publicar un comentario en la entrada