El artista a solas en su mundo
logia la libertad de la fantasía
dándole a su obra, etiqueta de milagro.
Funde con la cámara mágica en sus manos
los rectángulos con el color del prado,
dando vida a las líneas de la mar
consiguiendo que sean suspiros de belleza.
Bella, bella, en belleza torna la imagen
tanto amor manifiesta este viaje de color
que aunque el artista no esgrime prosa,
con la naturaleza se torna en vencedor.
El alba, la noche, el prado, el arbol, las figuras ondas y cascadas,
la costa, la mar y el quiebro de la montaña
y los jaros y las rosas y todas, todas las formas de las cosas.
Luz, color, sombras, relieves, suspiros, crestas y senos,
caras flageladas, caras húmedas de pescador de barcos y escalas,
caras sugerentes, bellas y cansadas.
La imagen del alma sobre el papel crepita
porque esa es el alma del artista
que quiere llevar a otras almas
lo que la luz y sombras, la pasión y el amor le dictan.
Cantan tus ojos Fernando,
lo que cantas en la fotografía;
la nostalgia, la amistad,
y la niñez infantil perdida.
Pero como canta el artista
en su imagen de papel,
su ensenada de Ostende,
su pedregal verde, verde otra vez.
Punto a punto, tono a tono
como en orden militar pasa revista
a nuestra gloria castreña
que no es ni más ni menos
que lo que ofrece la vista.
Javier Garay, 24 de agosto de 2009
04/09/09
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