29/08/09

"Sobre la soledad" por Enrique Yeves

Generalmente, las opiniones y comentarios que recibo para publicar en este blog provienen de amigos que conocen bien mi trabajo. Sin embargo, las líneas que podéis leer a continuación están escritas por alguien que prácticamente no me conoce personalmente pero que me ha demostrado poseer una gran sensibilidad. Creo que Enrique ha sabido expresar, mejor que yo mismo incluso, como es ese sentimiento que un fotógrafo tiene cuando se enfrenta al trabajo cotidiano, intentando concentrar en un instante lo mejor de esa escena en la que se encuentra inmerso. No se si Enrique es fotógrafo, lo que para mi está claro es que conoce muy bien como funciona el proceso creativo, puesto que en el fondo se puede sentir lo mismo al apretar el disparador de una cámara, ante un lienzo vacío o frente a un folio en blanco a la espera de ser llenado con nuestras palabras....
F.Sanchoyarto


Hace ya tiempo que un gran amigo llamado Richard, me venía enseñando, con gran orgullo, una serie de fotos que llevaba en su móvil y que había realizado su hermano. La primera vez que las vi quedé muy sorprendido al contemplar aquellos paisajes atemporales extraídos de un mundo estático. He de reconocer que me encantaron esas composiciones de una naturaleza casi irreal. Cuando Richard me anunció que se iba a publicar un libro con las fotos de su hermano, rápidamente me apunté en la lista de solicitantes.

Cuando al fin tuve el libro en mis manos lo ojeé rápidamente para ver lo que me iba a encontrar. De los cinco capítulos del libro, inmediatamente me llamó la atención que existiera uno sobre la gente. Las fotos que yo había visto eran de objetos, paisajes, primeros planos encuadrados en un fondo con largos tiempos de exposición. No sabía cómo un fotógrafo de este tipo de paisajes pasaría el examen de la temporalidad de la persona. La primera foto que vi, con un chico congelado en un salto, resolvió gratamente mis dudas. Sólo entonces, retomé el libro desde el inicio con tranquilidad.

Una vez terminé de ver todas las fotos, Richard me propuso elegir una foto y hacer un comentario de ella. Desde el principio lo tuve claro. Aunque los paisajes me habían impresionado, había una foto que me había calado más hondo. “Pescador haciendo carnada para el congrio” me impactó. Una composición descentrada, inquietante, el mar que se intuye más que se ve, una hora intempestiva y un solo personaje eran las características de la lámina. La foto me recordaba los cuadros de Edward Hopper, a sus hombres tomando café en un bar por la noche, a esas mujeres en habitaciones tristes o a cierta acomodadora de teatro apoyada contra la pared. De una manera general, esa foto retrataba, para mí, la soledad de la persona enfrentándose al trabajo, a su vida, a los desafíos personales. Me dijo Richard que el pescador era “El Rubio”, sin embargo, yo veía, como en los cuadros de Hopper, no a una persona, sino un conjunto de sentimientos. Mirándola de nuevo me empecé a imaginar a Fernando, ya no con un cuchillo y un pez, sino con sus cámaras, sus objetivos y su trípode. Poco a poco se me hizo más tangible su imagen, levantándose muy temprano, para poder llegar al punto preciso a la hora exacta y sacar dos o tres fotos antes de que la luz hubiera cambiado y ya no fuera la adecuada. Me lo imaginaba viendo las fotos y llegando a la conclusión de que al final las condiciones no eran las óptimas y que habría que repetirlo otro día. Entonces recogería la cámara, sus objetivos y el trípode, y volvería a casa, y siempre estaría sólo. En ese momento dejé de ver a “El Rubio” por completo y sólo vi a Fernando.
Enrique Yeves

13/08/09

"La Mirada Azul de Don Tertulio" por Miguel Angel Peláez

Con la publicación del libro de F.Sanchoyarto estaban Don Tertulio y unos amigos ojeándolo por la mañana al lado del ayuntamiento, frente al establecimiento hostelero “La Cierbanata”, donde se presta a todo aquel que lo quiera ojear.
El asombro de Don Tertulio crecía por momentos ante las imágenes que desfilaban página a página.
Al pasar a la página 80 Don Penilicio no pudo aguantar su comentario.

- Madreee, pero ¿vosotros creéis? ¿Cómo es posible hacer semejante fotografía? ¡Asombroso! ¡Si parece que se pueda meter la mano en el charco ese!. Fijaos, fijaos cómo se ven las piedras del fondo. Y de ahí la vista se va hasta el sol, que cae en el horizonte.. ¡Y para colmo hay un barco en la escena! ¡Ahí es nada!¡Y qué colores! ¿Cómo harán estas fotografías?
- Esta gente tiene unas cámaras que lo hacen todo – Añadió Don Zenón.
- No seas infame, replicó Don Tertulio, ¡que te dejen a ti una cámara de esas, te coloquen en el mismo sitio y a ver que consigues plasmar!. La fotografía es mucho más. Tengo un sobrino aficionado y cada día aprende una cosa nueva.
- Seguro que si voy una tarde a esas rocas consigo un atardecer parecido, aseguró Don Zenón un tanto arrogante.
- Pero ¿os creéis que una fotografía como esta se hace en unos minutos?. Dejando a un lado la técnica, ya de por sí difícil, el tal Sanchoyarto seguro que fue al mismo sitio varias veces porque ya tenía un atardecer en su cabeza y sabía lo que quería enseñarnos. A buen seguro buscó un ángulo, intentó fotografiar, cuando se iba ya para casa encontró el agujero de marras y tuvo que volver varios días al mismo sitio para encontrar de nuevo las condiciones idóneas y traértelas aquí. Y si no fue así en esta foto seguro que si lo fue en otras, te lo puedo asegurar. ¡Se ve bien que las fotografías de este libro están cargadas de nuevos ángulos y grandes paciencias!... argumentó Don Tertulio.
- ¡¡Totalmente cierto!!, reseñó Don Penilicio. Según dijo el autor el otro día en la prensa, para alguna fotografía se puede tardar meses o incluso años... y no solo paciencia sino buen ojo, es lo que requiere el que así fotografía.
- Pues el libro este está cargado de esas cualidades, volvió a añadir Don Tertulio. ¿Queréis una prueba más? ¡Abramos otra página al azar!.

Abrieron el libro, un poco más adelante, hacia las imágenes que aún no habían contemplado, y se les presentó la fotografía de la página 117.

- ¡¡Reostia!! Igual tengo que daros la razón, porque un atardecer como ese no se ve todos los días, ¡¡que grandeza!!, asintió sorprendido Don Zenón.
- No, no te quedes con más dudas, que todo está bien recogido, añadió Don Tertulio. Vamos al final del libro y comprobarás que pocas cosas aquí son al azar.

Fueron al indice fotográfico, donde se recogen ciertos datos de cada imagen y aunque nuestros amigos poco entendían de diafragmas y velocidades de disparo, sí prestaron atención a otras cosas como el lugar o la hora de la captura.


- A ver, a ver… ¿tu te crees que hay mucha gente en el monte Cerredo a las 21:40 para sacar una fotografía como ésta?, preguntó Don Tertulio.
- Ciertamente, ha captado unos colores increíbles y ha sabido congelar el momento para nosotros, concluyó Don Penilicio.
- Paciencia, amigos, paciencia y gran profesionalidad es lo que nos ofrece nuestro paisano, resumió Don Tertulio. ¡Y un testigo para nuestros nietos!, que hay aquí detalles que irán desapareciendo con los años. Y para muestra un botón, les dijo Don Tertulio volviendo a la página 28 del libro para comparar la imagen con las lámparas que ahora iluminaban la Correría (alimentadas con bombillas de bajo consumo). Sigue, sigue abriendo páginas que esto da para mucho, concluyó Don Zenón mientras se sentaba dando un trago a su vaso de vino.
M.A. Peláez
www.flickr.com/photos/mapfoto/

"La Mirada Azul" por Juan Zubieta



Tenía realmente impaciencia por abrir el libro y descubrir su contenido.
Me imaginaba que Fernando no iba a hacer el trabajo justo para superar el trámite. Conociéndole esperaba algo más que eso. El primer vistazo rápido me confirmó lo que suponía. Pero un vistazo rápido no es suficiente para apreciarlo y sobretodo disfrutarlo en su justa medida. Su justa medida, en mi opinión, requiere disfrutarlo sin prisa, intentando meterse en cada imagen como si estuviéramos allí en el momento de captarla. Gracias a tanto tesón, tanta ilusión y tanta dedicación por parte de Fernando, este libro nos brinda la posibilidad de “estar allí” en algunos de los mejores momentos en los últimos años de Castro Urdiales y su entorno.
Acogiéndome a la propuesta de escoger una imagen de entre todas ellas, voy a hacer un poco de trampa y voy a escoger un grupo de ellas.
A mi me gusta el amanecer, me gusta levantarme pronto y aprovechar las primeras horas del día. Por eso las fotos de amaneceres son mis elegidas, y son varias porque todas ellas son magnificas.
Lo malo de los amaneceres es que nunca sabes como van a ser, por lo menos junto al mar Cantábrico, o quizá sea lo bueno, pero el caso es que si quieres disfrutar de los más espectaculares tienes que levantarte pronto y salir de la ciudad antes de que amanezca, con el consiguiente madrugón, ¡y muchas veces sin desayunar siquiera!, para estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, y luego resulta que gran parte de las veces es un amanecer cualquiera, sin glamour, porque había muchas nubes o porque había muy pocas , o por la niebla o por lo que sea… y entonces es inevitable pensar en lo bien que se estaría en la cama, como la mayoría.
Pero claro también a veces hay amaneceres especulares y el poder disfrutarlos compensa las anteriores frustraciones y alegra el espíritu para el resto del día. Algunos de estos, realmente magníficos y sin madrugón, son los de las páginas 3, 115, 118, 128, 136, 148 y 153. Animo a comprobarlo.
Juan Zubieta, Castillo Siete Villas, 10 de agosto de 2009

"Buen trabajo fotográfico de Sanchoyarto" por Javier Muñoz Arriola



La semana pasada se presentó el libro Castro Urdiales. Una Mirada Azul, del fotógrafo castreño Fernando Sanchoyarto. Un excelente trabajo fotográfico sobre nuestra Ciudad y Municipio. Articulado en cinco apartados, más un índice fotográfico al final que sitúa y explica las fotos, a lo largo de casi doscientas páginas podemos encontrar un total de 152 fotografías de gran tamaño. Los cinco apartados en los que Sanchoyarto ha dividido su trabajo son de variada temática: Una mirada a sus calles; una mirada a su gente; una mirada a su naturaleza; una mirada a su costa; y una mirada a su puerto; de los cuales sería muy difícil destacar alguna fotografía sobre las demás. Entiendo que los fotógrafos profesionales pueden analizar este trabajo desde una óptica más técnica y destacar así cual foto tiene un plus sobre otra, pero quienes no somos fotógrafos profesionales y/o expertos nos acercamos a este libro con la sensibilidad del castreño que observa hermosas instantáneas de su tierra o simplemente desde la posición de la persona que admira las bellas postales que ha captado Fernando.

Del prólogo en el que el propio Fernando Sanchoyarto nos explica la motivación de su obra, me gustaría destacar este párrafo:

“... Hace bastantes años empecé a plantearme que a través de los muchos momentos en los que recorría la costa y la montaña de nuestro municipio me encontraba con paisajes que jamás había visto plasmados en una fotografía. Descubrí que la luz más atractiva de cada día, aquella que podía realzar su belleza aún más si cabe, no había sido perseguida por ningún fotógrafo. De la misma manera también fui consciente de la rapidez con la que muchos de esos parajes estaban cambiando y en muchos casos desapareciendo”.

Sin haber intercambiado nunca opinión alguna sobre este particular con Fernando, hace años y desde estas mismas líneas alerté sobre la rápida desaparición del Castro que habíamos conocido. Recuerdo que entonces llamé a plasmar en fotografía y/o en video las zonas de Castro llamadas a desaparecer, tales como edificios derribados, casas de campo y caseríos, campos y huertas, la zona de costa, ¡y tantos otros rincones de nuestra historia que se han perdido!. Y recuerdo, además, que en aquel artículo señalaba a las autoridades competentes sobre la necesidad de la creación en Castro de un centro de documentación de la imagen de nuestro municipio, en donde los castreños pudieran aportar sus fotografías antiguas, negativos u otros soportes fotográficos para su archivo y conservación. Desde entonces una importante labor de documentación, recopilación y divulgación se ha realizado por parte, por ejemplo, de la asociación Cantu Santa Ana; y este libro de Fernando Sanchoyarto también va encaminado en esa línea.

Otro párrafo que me gustaría destacar, del prólogo del libro, es cuando Sanchoyarto nos dice:
“Mi infancia transcurrió entre Campijo y Ostende. Estos dos enclaves y sus alrededores sufrieron en mi adolescencia algunos de los cambios más traumáticos del municipio. La llegada de la autovía en el primer caso y la “reconversión” en playa de sus pedregales con su consiguiente urbanización en el segundo, modificaron una parte sustancial de la naturaleza más próxima al casco urbano a la vez que supusieron una perdida en lo personal”.
También yo firmó este último párrafo: supuso una gran pérdida en lo personal, porque Fernando está hablando en él de Urdiales. El territorio comprendido entre Campijo y la Ensenada de Urdiales (lo que luego vino en llamarse playa de Ostende) sufrió una rápida y brutal transformación, como luego también sucedió en otras zonas del municipio. Eso lo hemos vivido / padecido amigo Fernando, por algo somos de la misma edad y hemos ido ambos al colegio antiguo de San Martín de Campijo, y por algo pudimos disfrutar de aquella Ensenada de Urdiales. Pero, en mi opinión, esto no ha hecho más que empezar. Quizás ahora ralentizado por la crisis económica, pero Castro está llamado a seguir creciendo urbanística y demográficamente, por lo que te animamos a seguir dejando constancia fotográfica de tantos lugares y momentos castreños que tristemente desaparecerán.
Javier Muñoz Arriola

Comentario publicado en Castro Digital
http://www.castrodigital.com/

05/08/09

"El Ojo de Castro, El Ojo de Urdiales" por Alejandro Epelde

Con este mirador que nos ofreces y con el que nos alegras, no haces otra cosa (que no es poco) que corroborar lo que dejó dicho el siempre admirado Henri Cartier-Bresson:“Fotografiar es poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo punto de mira”.
No hay cámara fotográfica, ni la habrá nunca, que permita configurar el disparo en modo “prioridad al talento”. ¿Nos puedes decir cómo haces?
Si a Cartier-Bresson se le conoce como El Ojo del siglo, yo te nombro El Ojo de Castro, El Ojo de Urdiales.
Gracias Fernando por mostrarnos, de esta forma tan bella, el paisaje y el paisanaje que aún nos queda.
Alejandro Epelde