Generalmente, las opiniones y comentarios que recibo para publicar en este blog provienen de amigos que conocen bien mi trabajo. Sin embargo, las líneas que podéis leer a continuación están escritas por alguien que prácticamente no me conoce personalmente pero que me ha demostrado poseer una gran sensibilidad. Creo que Enrique ha sabido expresar, mejor que yo mismo incluso, como es ese sentimiento que un fotógrafo tiene cuando se enfrenta al trabajo cotidiano, intentando concentrar en un instante lo mejor de esa escena en la que se encuentra inmerso. No se si Enrique es fotógrafo, lo que para mi está claro es que conoce muy bien como funciona el proceso creativo, puesto que en el fondo se puede sentir lo mismo al apretar el disparador de una cámara, ante un lienzo vacío o frente a un folio en blanco a la espera de ser llenado con nuestras palabras....
F.Sanchoyarto
Hace ya tiempo que un gran amigo llamado Richard, me venía enseñando, con gran orgullo, una serie de fotos que llevaba en su móvil y que había realizado su hermano. La primera vez que las vi quedé muy sorprendido al contemplar aquellos paisajes atemporales extraídos de un mundo estático. He de reconocer que me encantaron esas composiciones de una naturaleza casi irreal. Cuando Richard me anunció que se iba a publicar un libro con las fotos de su hermano, rápidamente me apunté en la lista de solicitantes.
Cuando al fin tuve el libro en mis manos lo ojeé rápidamente para ver lo que me iba a encontrar. De los cinco capítulos del libro, inmediatamente me llamó la atención que existiera uno sobre la gente. Las fotos que yo había visto eran de objetos, paisajes, primeros planos encuadrados en un fondo con largos tiempos de exposición. No sabía cómo un fotógrafo de este tipo de paisajes pasaría el examen de la temporalidad de la persona. La primera foto que vi, con un chico congelado en un salto, resolvió gratamente mis dudas. Sólo entonces, retomé el libro desde el inicio con tranquilidad.
Una vez terminé de ver todas las fotos, Richard me propuso elegir una foto y hacer un comentario de ella. Desde el principio lo tuve claro. Aunque los paisajes me habían impresionado, había una foto que me había calado más hondo. “Pescador haciendo carnada para el congrio” me impactó. Una composición descentrada, inquietante, el mar que se intuye más que se ve, una hora intempestiva y un solo personaje eran las características de la lámina. La foto me recordaba los cuadros de Edward Hopper, a sus hombres tomando café en un bar por la noche, a esas mujeres en habitaciones tristes o a cierta acomodadora de teatro apoyada contra la pared. De una manera general, esa foto retrataba, para mí, la soledad de la persona enfrentándose al trabajo, a su vida, a los desafíos personales. Me dijo Richard que el pescador era “El Rubio”, sin embargo, yo veía, como en los cuadros de Hopper, no a una persona, sino un conjunto de sentimientos. Mirándola de nuevo me empecé a imaginar a Fernando, ya no con un cuchillo y un pez, sino con sus cámaras, sus objetivos y su trípode. Poco a poco se me hizo más tangible su imagen, levantándose muy temprano, para poder llegar al punto preciso a la hora exacta y sacar dos o tres fotos antes de que la luz hubiera cambiado y ya no fuera la adecuada. Me lo imaginaba viendo las fotos y llegando a la conclusión de que al final las condiciones no eran las óptimas y que habría que repetirlo otro día. Entonces recogería la cámara, sus objetivos y el trípode, y volvería a casa, y siempre estaría sólo. En ese momento dejé de ver a “El Rubio” por completo y sólo vi a Fernando.
Enrique Yeves




