En este preciso instante contemplo las páginas de esta obra fotográfica. Me he fijado en la exquisitez de esta imagen que me recuerda a los pequeños instantes del camino recorrido. Una se siente maravillada por la expresión de alguien complacido, tal y como se aprecia por el simple gesto que realiza en ese momento, congelado a través del objetivo de la cámara.
La imagen muestra a un hombre de traje elegante y con melena que le llega hasta la altura del cuello. Tengo una sensación de admiración por alguien concentrado y que parece disfrutar con lo que está proponiéndose en ese instante. Es el creador de hermosas melodías que resuenan en nuestros oídos, profundizando en el interior de nuestro ser produciéndonos sentimientos insospechados e inciertos. Su cabeza erguida, los brazos entornados y el gesto de sus manos dirigiéndolas a sus almas para poder crear la armonía y trasmitirla hacia las mentes abiertas a escucharla. Su posición me parece muy hermosa y me hace ver que todos deberíamos sostener la idea de esta imagen, nítida y clara, sobre lo que significa expresividad y pasión por lo que nos gusta y queremos de verdad.
Esta fotografía me dice que debo disfrutar y aprender a disfrutar lo que tengo. Y he de hacerlo con tal intensidad que me haga alcanzar los momentos más felices de mi vida, como sería el caso del músico Ramón Torrelledó, que son sin dudarlo esos pequeños detalles que a uno le llenan plenamente.
Andere Galván
La imagen muestra a un hombre de traje elegante y con melena que le llega hasta la altura del cuello. Tengo una sensación de admiración por alguien concentrado y que parece disfrutar con lo que está proponiéndose en ese instante. Es el creador de hermosas melodías que resuenan en nuestros oídos, profundizando en el interior de nuestro ser produciéndonos sentimientos insospechados e inciertos. Su cabeza erguida, los brazos entornados y el gesto de sus manos dirigiéndolas a sus almas para poder crear la armonía y trasmitirla hacia las mentes abiertas a escucharla. Su posición me parece muy hermosa y me hace ver que todos deberíamos sostener la idea de esta imagen, nítida y clara, sobre lo que significa expresividad y pasión por lo que nos gusta y queremos de verdad.
Esta fotografía me dice que debo disfrutar y aprender a disfrutar lo que tengo. Y he de hacerlo con tal intensidad que me haga alcanzar los momentos más felices de mi vida, como sería el caso del músico Ramón Torrelledó, que son sin dudarlo esos pequeños detalles que a uno le llenan plenamente.
Andere Galván
Ramón Torrelledó es un director de orquesta castreño que vive dedicado a la música en Rusia. Todos los años, en la época de navidad, suele recorrer Cantabria dando una serie de conciertos que tienen una gran acogida. En Castro Urdiales, en concreto, se celebra en la iglesia de Santa María y es tanta la expectación que levanta que para disfrutar del concierto tienes que acudir pronto, so pena de aguantar largas colas.
Esta imagen fue tomada en el año 2006. En aquel momento consideré que una imagen de Ramón dirigiendo podía resultar interesante para este libro así que me planteé como hacer algo distinto y original. Llegué a la iglesia muy pronto, cuando los músicos comenzaban a preparar sus instrumentos, estudié distintas ubicaciones y tomé sitio en primera fila, más pensando en disfrutar en un primer momento del concierto que en las fotografías que pudiera tomar. En un descanso del mismo me dirigí con mi cámara al ábside de la iglesia, apostándome en una ubicación que me había resultado interesante en mi reconocimiento antes del comienzo del concierto.
Recuerdo muy bien la sensación que tuve al contemplar la escena desde ese ángulo. La imagen de Ramón destacaba en lo alto, tanto de los músicos como del público. Sin dudar un momento apunté mi cámara al que para mí era el protagonista absoluto de aquella escena.
Con un teleobjetivo de 300 mm. la imagen que podía ver por el visor era de una gran expresividad, un fondo negro en el que destacaban tanto la cara como las manos del director en constante movimiento. La luz era tan escasa que pese a llevar la abertura a f/4, el máximo en este objetivo, y seleccionar un valor de ISO 3200 la velocidad de obturador era de 1/15 de segundo. No tuve más remedio que subexponer dos pasos para que la velocidad subiera al menos a 1/60 de segundo. Gracias al posterior revelado del archivo RAW pude recuperar parte de la luz que le faltaba a la imagen original y eliminar el ruido digital provocado al usar una sensibilidad tan elevada. Elegí cuidadosamente el fondo para que aportara algún detalle sin llegar a distraer, enfoqué en la cara de Ramón y comencé a disparar en ráfaga con la esperanza de que alguna de las imágenes resultantes consiguiera congelar el movimiento del director a la vez que transmitir la esencia de lo que allí se estaba viviendo.
Tomar una fotografía responde a un impulso y una decisión muy personal. La imagen resultante representa para ti como autor un valor que está muy ligado a los recuerdos que evoca. Cuando tienes la suerte de poder publicarla esa imagen cobra vida propia y a partir de ese momento toma un nuevo significado dependiendo de quien la observe. Muy a menudo me pregunto donde acaban mis fotografías, cuales son los sentimientos que evocan en los espectadores que ahora las contemplan y es por esto que me ha sorprendido gratamente leer el texto que Andere ha redactado acerca de esta imagen. Ella no estuvo presente en ese lugar y en ese concierto, no vivió en directo la emoción que supone ver dirigir a Ramón Torrelledó con toda su fuerza y expresividad ni tuvo el placer de escuchar a la Orquesta Sinfónica Rostov en un lugar tan maravilloso como la iglesia de Santa María pero contando tan solo con una imagen ha sido capaz de experimentar un montón de sensaciones, las suyas propias, al igual que lo hicieron en su momento los cientos de espectadores que allí se encontraban.
Sin duda alguna, no todo el mérito reside en la calidad de una imagen sino, tal y como es el caso, en la sensibilidad de los ojos que la contemplan. Enhorabuena Andere por mirar así.
F.Sanchoyarto
