12/01/10

"El salto del ángel desde La Escalerilla" por Jose L. Villanueva y Alpha Kappa



A punto está el verano

de incendiar el aire,

a poco de robar a mediodía

las sombras de los hombres y las cosas.

Se acerca el fin de curso.

Pronto sabremos

quién resolvió y quién no las ecuaciones,

quién supo calcular en caída libre

el espacio recorrido por los graves,

quién acertó con el kilómetro y momento

en que dos trenes

partiendo en dirección contraria y desigual velocidad

se encuentren,

cuántas clases de oraciones sabes

o si eres bueno en el do you prefer milk or coffee.

Pero ahora es otra clase de saber,

se trata de probar si se es o no cobarde,

de despejar otras incógnitas,

si te atreves a confiar en el amigo

que te dice que te lances de cabeza,

de aplaudir y de admirar al que hace el mejor chombo.

Ahora toca ver del mar saltar a trozos

las esquirlas que el látigo del sol

al golpearlo levanta,

la montaña violenta de espuma al tirarse de boya,

el juego incansable de bañarse una vez y otra vez

y después de bañarse otra vez bañarse una más.

Ahora es el olvido de las horas,

el traje de sal en la piel y en el pelo,

la alegría salvaje de estar vivo y darse cuenta,

de empezar a gritar,

sin venir a cuento, porque sí,

de intentar ver si Mari y sus amigas.

Mira cómo vuelo.

Alpha Kappa


Hace muchos años (verano del 91) hice un viaje en moto por la costa cántabra, desde la provincia de Lugo (de donde soy) hasta Santander. No sé qué tienen los pueblos del Norte que a medida que los vas visitando te vas embriagando de ese halo de identidad propia, de ese olor característico a humedad, a verde, a tierra oxigenada, de esos rasgos comunes de la idiosincrasia de la zona; por eso, cuando veo las fotos de Castro Urdiales, pueblo en el que nunca he estado, vislumbro rincones, luces y colores de mi tierra lucense, en concreto de un pueblecito costero llamado Foz, donde pasé mis primeros 20 veranos de vida.


Cuando ví la foto "el salto del ángel" tuve de inmediato un flashback a los veranos de mi infancia, donde iba con mi hermano al puerto a pescar anguilas, donde habia (y hay) escalinatas de piedra de acceso a los barcos pesqueros iguales a las retratadas.
Ver esa foto me ha traído buenos recuerdos que casi tenía enterrados en la memoria. Recuerdos de una época que, aunque nunca volverá, viví con gran intensidad.
Gracias por haberme refrescado la memoria.

José L. Villanueva, Valencia

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